Cómo decir que esperaba flores ya crecidas a estas alturas sobre mi espalda, mucho más grandes que el diámetro del sol en un día de enero, el ancho del universo que nunca creamos, el pico helado de esa montaña que ha llegado hasta mi pecho sutil hundiéndolo, como quien me da un toquecito con el dedo a ver si abro los ojos y paran de llorarme los pétalos. Octubre llega también y me recuerda el ciclo porque no tengo fuerzas, y hay cosas que vienen de la mano y Alejarse tiene una mano gigantesca que puede dar a tantas cosas. Hay algunas que echas y deshaces en ovillos reliados que se enredan en tus pasos. Hay otras que no, el zumo de naranja y la forma estúpida de bailar cuando me lo pedías se pueden encontrar en cualquier parte; buena esta última sí es de las que a veces se me enredan en las piernas y los ojos. Y hay otras cosas que echar de menos tal zumito de limón que raspa la garganta, y Alejarse trae muchas cosas de su mano.